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Reflexiones
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MEJORANDO EL MATRIMONIO
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10 mandamientos de la comunicación.

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El hombre y su isla
Para José Luis, era el día más importante de su vida, desde niño había soñado en ese momento y ahora estaba a punto de realizar ese sueño. Es bien sabido, que todo hombre, una vez cumplido la mayoría de edad y los requisitos necesarios, podía elegir una isla de entre las miles que había en el océano para vivir en ella y por supuesto hacerla florecer, cuidarla, atenderla y crear en ella un lugar próspero y lleno de vida. Para José Luis era su mayor ilusión, había visto esa isla desde que estaba en la primaria, cuando le mostraron el mapa del océano, desde entonces tenía cientos de fotos de su isla, en la pared de su cuarto, en sus cuadernos, en su cartera, y ahora iba a ser de él solamente.
Toda su familia y amigos asistieron al momento cuando el juez le instituyó su nombre a su isla, ahora en los mapas y en los registros de la propiedad mundial, esa isla aparecería como “isla de José Luis Rodríguez Durán”, nunca podría tener otro nombre o pertenecer a alguien más hasta que él se muriera, y solo entonces se podría asignar a alguien más, así que gran fiesta hubo ese día en la isla de José Luis, orgullosos se sentían sus padres de que su hijo hubiera escogido una isla tan hermosa después de que él se las mostró en todo su esplendor.

Trascurrieron días de dicha y de alegría en los siguientes meses de la vida de José Luis, se sentía orgulloso de su isla y le daba gusto que sus amigos y familiares fueran a visitarlo de vez en cuando, así pasaron algunos meses, tal vez años pero José Luis no estaba muy atento de los días, ¡¡Estaba tan feliz en su isla!!

Un día sentado a la orilla de su isla,  José Luis observaba las demás islas que se encontraban alrededor de las suya, varias de ellas las encontraba más hermosas, sobre todo ahora que su isla necesitaba mantenimiento, en los jardines el pasto estaba muy crecido y seco, entre las flores había crecido cizaña y los árboles necesitaban ser  podados para que dieran mejor fruto, pero él había postergado esa tarea, cuando conoció a su isla estaba hermosa y pensaba que era cuestión de tiempo para que volviera a ser  como cuando él llegó, no era necesario hacerle nada, pensaba, sin embargo seguía observando todos los días a las otras islas, cada vez con más ganas de ir a visitarlas.
La mañana de un día de verano, sentado como hace varios días (meses tal vez), José Luis se encontraba observando las islas de su alrededor, -no están tan lejos pensaba- fácil podré ir y a visitarlas y regresarme antes del anochecer. El sabía que en el contrato que firmó se aclaraba que no podía visitar ni poblar ninguna otra isla que no fuera “su isla”, pero al final decía, -nadie se dará cuenta, y así podré ver cómo atienden a las demás islas y poder yo mejorar la mía, ya que actualmente la encuentro algo descuidada.

Así que empezó a nadar hacia una isla que ya tenía tiempo observándola y que le llamaba mucho la atención, sorprendido, se dio cuenta que la corriente iba en dirección de esa isla y que era muy sencillo llegar a ella, contento por este descubrimiento se dejó llevar por la corriente que en minutos lo dejó a la orilla de la isla.

Inmediatamente se puso a explorarla, se sorprendió por su belleza y la riqueza de su vegetación, la hermosura de sus playas y lo rica que era en agua y comida, después de recorrerla se dio cuenta que no había nombre en ella, que era una isla “virgen”, como la llaman los que sabían, es decir ningún otro hombre había estado ahí. Perfecto pensó, podré estar aquí el tiempo que quiera y regresaré a mi isla cuando así lo decida, y se quedó ahí por algún tiempo, días, meses, años tal vez.
De vez en cuando observaba “su isla” y pensaba, tal vez mañana regrese a verla, al fin y al cabo, de ahí no se va a mover, y tengo pensado visitar la isla que está más al norte, esa me llama mucho la atención. Así que se metió al agua y, igual que la primera vez, se dio cuenta que la corriente lo llevaba directo a la otra isla que quería visitar.

Esta era una isla más grande que su isla y la otra isla en la que había estado (que por cierto ya le había enfadado un poco su estancia ahí), encontró lugares maravillosos y algunos un poco descuidados, al recorrerla se dio cuenta que la isla ya tenía dueño, y que su nombre estaba inscrito en la placa de propiedad. Asustado, se escondió y observó como el dueño estaba haciendo algunos trabajos por lo que decidió regresar la isla anterior y de ahí tal vez a su isla, cuando iba de regreso descubrió un lugar hermoso, el más hermoso que haya él encontrado en su isla o en la otra, era tan hermoso y lo hacía sentir tan bien que no le importó que tuviera dueño, al fin y al cabo, parecía que no iba mucho por ese lugar… ahí se quedó por un tiempo, siempre cuidando que el dueño de la isla no lo encontrara, pasaron días, meses, años tal vez, él no siempre había tenido noción del tiempo sobre las islas, sobre todo cuando se sentía cómodo… así que al igual que en su isla, donde él se encontraba empezó a parecer descuidado, era necesario atenderlo. Enojado, se dijo a sí mismo que si no le hizo nada a su isla, mucho menos trabajaría en la isla de otro, así que antes de que el dueño se diera cuenta de que él estaba ahí se mudó a otra isla que le había llamado la atención, tal vez de ahí era más fácil regresar a su isla si decidiera hacerlo. Igual que siempre, la corriente lo llevó de manera fácil, esta otra no era lo mismo que la suya y las dos anteriores, era mucho menos atractiva y mucho más chica, por lo que se quedó solo un tiempo, decidiendo cambiar de isla pensando: ¡¡¡Hay tantas islas!!!… Mucho más de las que me había imaginado, y es fácil andar de una a otra, solo tengo que dejarme llevar por la corriente y esta me coloca a los pies de una nueva.

Así pasó el tiempo, meses, años tal vez, (José Luis pocas veces media el tiempo, ¿Para qué? se decía),  pero José Luis se empezó a dar cuenta que entre más recorría las islas, estas eran más pequeñas, y sobre todo más áridas y con menos vida, algunas libres, algunas ocupadas, por lo que cada día duraba menos en una isla porque no soportaba mucho tiempo estar en ellas.
Así que un día, sentado a la orilla de una isla, (la más horrible en que él había estado) pensó en su isla, la recordó con su gran vegetación, sus hermosos jardines y lo rico de la comida y alimentos que ésta le daba, ¿Cómo estará mi isla? Pensó, ¿Cuánto tiempo he estado lejos de ella?, ¿podré acaso regresar?,  Creo que haciendo un esfuerzo puedo recordar donde está…  al fin y al cabo es “mi isla”.
Decidido, se metió al agua para emprender el camino de regreso,  y fue solo hasta ese momento que se dio cuenta que la corriente no le permitía regresar, no era tan fácil como cuando se alejaba de su isla.

Nadando contra corriente, él estaba decidido a regresar, pudo tomar un poco de ímpetu pero tristemente se dio cuenta que había gastado mucho sus fuerzas en visitar las demás islas, no estaba ya tan fuerte como antes, y la tarea no parecía nada fácil, por un momento pensó que lo mejor era quedarse en la isla donde estaba, pero el solo pensar en lo horrible que había sido para él estar ahí, decidió seguir nadando hasta llegar a su isla.

Cuanto tiempo nadó no lo recuerda, (él nunca fue bueno para contar el tiempo), pero llegó el momento en que las fuerzas le faltaron, y ahí en medio del mar, agotado, empezó a ahogarse… nunca lo imaginó, no era eso lo que él tenía pensado para su futuro, y con gran nostalgia recordó su isla. Y ahí, mientras se ahogaba,  pensó  en “su isla”, la única que era de él, la única que llevaba su nombre, la única que le pertenecía de todas de todas las islas del mundo  y de en las que él había estado, y así, recordó que lo momentos más maravillosos de su vida, cuando se sintió verdaderamente feliz, fue cuando él estuvo ahí,  así que con ese recuerdo, y con la imagen de su isla, cerró los ojos, y dejó de luchar para hundirse en el abismo…